El auténtico origen de Halloween

halloween-historyEl relato que voy a contar habla del nacimiento de una era, de cómo una idea puede convertirse en realidad, de la arrogancia de un antiguo dios olvidado que jugó con el destino sin saber que era realmente el Destino quien jugaba con élDebemos retroceder en el tiempo. Muchos años atrás. Hasta el mismo momento en el que el primer Halloween, o lo que ahora se conoce como tal, tuvo lugar:

Eran otros tiempos. Sin lugar a dudas, tiempos mejores. 

Era una época oscura en la que la electricidad sólo era un sueño por alcanzar, un grano de arena recién caído dentro de una ostra esperando a convertirse en perla. La luz del fuego creaba sombras danzantes en las paredes de las cabañas. Hombres, mujeres y niños se acurrucaban en torno a las llamas para sentirse seguros, para mirar con desconfianza a la oscuridad más allá. Extraños ruidos en el bosque, repentino arañar de ramas sobre la madera que protegía el techo, un susto en la noche y muchas historias que contar e imaginar. Por eso estaba yo allí. Para contar las historias. Como siempre las había contado.

Por aquel entonces la tradición oral era la única manera de comunicación. Eso hacía mucho más difícil el trabajo. Pero el esfuerzo de contar la historia, repetirla acrecentándola cada vez con un detalle más que añadiese credibilidad, crear la historia de la nada, como ladrillos que uno a uno conforman una casa, merecía la pena. Entonces había que sudar para hacerlo realidad. Y eso… eso daba sentido a todo el trabajo.

Se decidió que el otoño sería la mejor época. Comenzaba a hacer frío, las sombras se estiraban cada vez más, los días eran más cortos y la noche reclamaba su presencia más temprano. El miedo crecía en el corazón de los hombres conforme se acercaba el invierno. Época de hambrunas, época de recogimiento y protección. Sin lugar a dudas sería la mejor época. Sería la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre. Aunque por entonces no existía el calendario tal y como hoy se conoce. Algo moría. Algo nacía. Así es como debían ser las cosas. Lo haría más creíble.

Un borracho apareció en los bares de la nueva América. Al calor de la chimenea dejó invitarse a una cerveza a cambio de una historia. “Dicen que las bestias del bosque están hambrientas…” comenzaba la historia.

Un estibador noruego recién llegado a los puertos comentaba los extraños sucesos que le habían contado que ocurrían más allá del mar, mientras izaba la carga en el próximo barco que marcharía al amanecer. “Algo malo sucede en aquellas tierras y cualquier día llegará aquí. ¿Quién sabe? Puede que llegue por barco.” No sabía si le creerían pero la semilla estaba plantada.

Había llegado un nuevo cura a los pueblos del Pirineo franco español. “El Demonio está entre nosotros” sermoneó en el púlpito. Y el corazón de los fieles se encogía ante su relato. Las parroquianas se reunieron en los ríos a lavar, pero a partir de entonces nunca esperaron a que el sol se pusiese para volver a casa. Al parecer una vecina de la comarca se había ahogado en circunstancias extrañas al caer la noche.

Un pastor ruso escuchó cómo un rebaño entero fue devorado tan sólo a cinco pueblos de distancia. Y otro contó que había escuchado que las marcas que se habían encontrado en los restos de las ovejas no eran marcas de ningún animal conocido.

Los niños de todo el mundo escuchaban a escondidas a través de los tablones de madera los relatos de los mayores. Al día siguiente los repetirían a sus amigos. Entre ellos competirían por ver quién se sabía la historia más terrorífica.

Pronto, los muertos se levantaron de sus tumbas.

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